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Foto: Wikipedia

Tengo mucha pena, poquita, nada

El término depresión ha sido tan manoseado en las últimas décadas que siempre nos preguntamos una y otra vez si realmente estaremos como para buscar ayuda, o simplemente es cosa que pasará con los días.

Agua de tilo, salir a caminar, escuchar música, juntarse con amigos de verdad, mirar el cielo como si fuera la primera vez. Cuando ya nada de eso funciona hay que hacerse las preguntas clave: ¿mi hijo o mis hijos tienen lo que necesitan de mí? ¿Puedo cumplir plenamente las funciones por las que he sido contratada?

Si comenzamos por los no, entonces es importante pedir ayuda…. Y no es algo que Google pueda solucionar, porque cada caso es individual y tiene una historia y metas que alcanzar o dejar ir.

Pequeñas grandes señales

El primer cambio que me indicó que debía buscar ayuda hace ya varios años, fue la desesperanza que sentía al levantarme, una pena de día nublado y la sensación de que seguiría recibiendo malas noticias que nunca llegaron.

Todo se hacía cuesta arriba y los exámenes de sangre no decían nada anormal. Mi tratamiento para la depresión equilibró psicoterapia, fármacos específicos y frecuentes contactos con la naturaleza, que alimentaron mi alma con la idea de que somos partes de una creación maravillosa y tenemos la misión de mantenernos vivos.

Llegaron buenas noticias

Si bien tomar conocimiento que casi dos millones de mujeres en Chile padecen de algún tipo de depresión, no es nada bueno… saber que se puede manejar y liberarse de esa sombra que a toda costa pareciera quedarse con nosotros, es la mejor de las noticias.

Hace un par de semanas escuché al Dr. Luis Risco, reconocido psiquiatra y director de la Clínica Psiquiátrica de la Universidad de Chile y le encontré toda la razón cuando comentaba que muchas veces las mujeres no cuentan esas pequeñas penas por considerar que le pasa a todo el mundo, incluso cuando se hacen recurrentes y empañan todas nuestras labores domésticas y profesionales.

Toma nota mental, busca tu pena, conversa con alguna amiga de confianza o un familiar cercano…. Conversar hace que las cosas tomen un lugar y una forma. Este es el primer paso para llegar con la película más clara a los especialistas, sin temer a la “condena” social que muchas veces aparece junto con la idea de que “ tengo que ir al psiquiatra”.

Elimina esa idea de que son los locos los que tienen que ir al psiquiatra y ¡mejora tu calidad de vida!

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