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La importancia de la atención plena en tu rutina

Es fácil desconectarse de uno mismo en la locura del día a día, y olvidar cuidarse, cuando cuidarnos es una de las cosas a las que deberíamos dedicarle más tiempo. En esas semanas súper movidas, en que funciono mecánicamente y sin parar, me cuesta mucho más conectarme con el descanso cuando termina el día, e incluso durante los fines de semana.

Cuando pensamos en descanso, pensamos en desconexión: una siesta, una hora de masaje o una hora en el gimnasio, dependiendo de cada persona. Pero cuando tenemos que seguir funcionando para sacar adelante la vida y el tiempo no alcanza, podemos ser creativos y aprovechar los pocos momentos que tenemos.

Comer cuando comemos

La meditación es una manera de parar. No se imaginen pararse de la silla y esconderse en un clóset durante veinte minutos para intentar parar la mente; se trata de conciencia plena. Esto quiere decir que si te estás haciendo un café, si estás almorzando, si estas caminando a la pega o lo que sea que estés haciendo, hazlo con todos tus sentidos y toda tu atención.

La mente se cansa de saltar de un lado a otro, de la pega a la casa, al fin de semana, al cumpleaños de la suegra. ¿Cómo le damos un descanso a nuestra mente, y por ende a nosotros mismos? Viviendo en el presente. Hoy a esto se le conoce como mindfulness, pero no es más que poner atención en todo lo que hacemos.

Lo bueno es que está en cosas muy simples: en mirar por la ventana, ver los árboles y sus hojas, las nubes en el cielo, sentir tu corazón latir, reconocer cómo te sientes en ese momento. Es volver a uno mismo, centrarse en lo que estamos viviendo en ese preciso instante, sin juicios, sólo como un testigo.

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Aprovecha tu hora de almuerzo para salir a caminar, sobre todo quienes están sentados todo el día frente al computador. Caminar, respirar profundo, mirar por donde caminamos… suena obvio pero, ¿cuántas veces hacemos las cosas sin ser conscientes de que las estamos haciendo?

Este relato zen extraído del Libro Tibetano de la Vida y la Muerte lo explica muy bien:

“El discípulo le pregunta a su maestro:

Maestro, ¿cómo aplicas la Iluminación a la acción?

Al comer y dormir – responde el maestro.

Pero maestro, todo el mundo come y todo el mundo duerme.

Pero ¡no todo el mundo come cuando come, ni todo el mundo duerme cuando duerme!”.

Respiración consciente

La respiración es otra muy buena herramienta, porque es la manifestación concreta de cómo estamos, de cómo nos sentimos. Cuando nos enojamos o cuando estamos estresados, la respiración responde acortándose y haciéndose más rápida. Pasa todo lo contrario cuando estamos relajados.

Date cuenta de cómo está tu respiración, y cuando se acelere, tráela a un ritmo más calmado a la vez que te das cuenta de cómo tu pecho se expande y se contrae en cada ciclo respiratorio.

Si nos hacemos conscientes de eso y aprendemos a manejar la respiración, podremos calmar esas emociones que a veces nos abruman. Si te sientes superado, cierra los ojos por unos minutos y concéntrate en tu inhalación y exhalación… verás cómo las sensaciones cambian.

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Una necesidad más que un lujo

Soy una convencida de que el cuerpo y la mente se acostumbran a todo, lo bueno y lo malo. O sea, si los acostumbramos al estrés, es ahí donde se van a quedar. No podemos conformarnos con sobrevivir: el cuidado de nosotros mismos es una responsabilidad como cualquier otra. Es eso, o estar condenados a pasarnos la vida incómodos con nuestro cuerpo y nuestra mente.

Para lograrlo, primero es necesario reconocernos, y para eso, necesitamos encontrar momentos de silencio en lo cotidiano. Sabemos que no podemos pararnos en la mitad de la pega y darnos una hora de relajo o un mes de vacaciones, así que no queda otra que encontrar otras prácticas para estimular sensaciones físicas y mentales de calma y quietud.

¿Te das momentos en tu rutina para practicar la atención plena?

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