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¿Cuándo fue la última vez que intentaste pintarte las uñas sola?

Todo sobre: ConsejosVerse Bien

De manera absolutamente azarosa conocí el proyecto de la israelita-canadience Chen Lizra, una bailarina experta en marketing que desde hace 10 años visita Cuba en busca de inspiración para perfeccionar sus pasos. Logró ser reconocida e incluso abrió su propio estudio de baile, pero la isla llamó poderosamente su atención por determinas prácticas que se repetían en su población.

Yo, desde que era muy pequeña escuchaba en todas partes como la gente se trataba de mi cielo, tesoro, corazón…. Y no era raro que de una vereda a otra, algún galán le gritara a una joven mozuela… “ mami…. Si tú cocinas como caminas me como todooooo!” o una chica que le decía a un chico “¡Colirio! ¡Como me refrescas la vista!”

Lizra se adentró en estos pequeños actos cotidianos y llegó a la conclusión de que la seducción en Cuba era un acto que se ejercía desde el nacimiento y se espera llevarlo lo más lejos posible.

Mira lo que nos cuenta Lizra:

Seducción desde toda la vida

En su charla “El poder de la seducción en la vida cotidiana” , Chen rinde cuenta de una forma de ser que me pasó absolutamente desapercibida a través de los años: el impacto en el comportamiento de un grupo de personas aisladas de la publicidad global, o sea, no Barbies, no modelos rubias, no cinturas de avispa ni rostros perfectos.

No les adelanto más del video porque perdería la gracia, pero vuelvo a la pregunta, ¿Cuándo fue la última vez que intentaste pintarte las uñas sola?

Tiene que ver…. y mucho

Una de las cosas que más me llamó la atención cuando llegué a Chile (hace más de 20 años) fue que las mujeres no encontraban importante pintarse las uñas de los pies para usar sandalias y muchísimo menos las manos. Se requería una ocasión muy especial para ir a una peluquería donde te hicieran una “ francesa” o sencillamente te pintaran un color que combinara con el vestido.

En Cuba, el acto de pintarse las uñas es uno de los rituales que aprendemos desde que las mamás nos prestan por primera vez su frasco o cuando nos llevan a esos verdaderos centros de arte que son las manicuristas particulares y en dependencia del largo de la uña, se podía salir con un atardecer o con papagayos brillantes en cada dedo, eso era para los días especiales. Mientras tanto, una se preparaba practicando con la mano… difícil pintar con la izquierda siendo diestra, pero se logra.

¿Qué obtenemos con esto? La sensación sagrada de hacer algo por nosotras para nadie más. Con las uñas pintadas la vida nos recuerda que debemos ser cuidadosas: hay que seguir lavando y limpiando, pero sin matarse. Hay que seguir trabajando en la oficina, pero con ese guiño de que tuvimos un momento sagrado para nuestro embellecimiento.

Recomendaciones para un mejor proceso:

  • Evitar las pinturas que no indiquen que no tienen Formaldehido. La marca Sparitual no tiene, es súper económica y la venden en los DBS.
  • Echar las cutículas para atrás con cuidado, porque con el entusiasmo puedes dejar una marca en la uña que dura meses. Por lo tanto, ablandarlas con algún producto antes o sencillamente metiéndolas harto tiempo en agua jabonosa, ayuda bastante.
  • La cutícula está ahí por algo, ¡no la corten! Es nuestra defensa natural contra patógenos que pueden aprovechar el espacio para hacer algo desastroso adentro.
  • Luego de limpiar y limar, lavarse nuevamente las manos para que no queden restos de polvo de la uña.
  • Dar la primera mano y esperar a que se seque antes de pasar a la segunda, acordándose que es un tiempo para nosotras, para vivirlo en calma. La mano que no manejamos será la más difícil de adiestrar, pero un dato práctico es no pintarse encima de la cutícula, sino empezar un milímetro después, como simulando el crecimiento de la uña, logrando un efecto de prolijidad en el resultado final.
  • Luego de eso, cuando esté bien seca, aplicar el brillo, asegurándonos de que incluso abarcó el revés de la punta de la uña y todos los bordes exteriores.
  • Salir a caminar una media hora, asegurando que abrir y cerrar la casa no dejará marca en la pintura.
  • Al otro día, dar otra capa de brillo para refrescar el esfuerzo.

La próxima vez que vayas a ponerte sandalias con los pies hechos un desastre, piensa que te mereces un poco de tiempo para limar las asperezas, limpiar bien las uñas y regalarte un par de capas de pintura que te recuerden cuando vayas caminando que te mereces ese tiempo y que te ves bonita, porque sí, eres bonita.

¡Gracias Chen Lizra por recordarme tantas cosas!

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