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Todo lo que me gusta de la Dieta Mediterránea

Llevo años buscando tener una alimentación equilibrada, y en esa búsqueda, poco a poco fui disminuyendo el consumo de carnes y dulces para aumentar el de frutas, verduras, frutos secos, semillas y aceite de oliva. Es decir, sin quererlo me acerqué a la Dieta Mediterránea.

Si bien los tipos de alimentos y sus respectivas raciones son preceptos fundamentales, también hay algo de romántico en esta dieta. Nos hace pensar en el origen de la comida que tenemos sobre la mesa; los pescadores pescando en sus barcos; los interminables viñedos en las colinas de la Toscana italiana que luego serán vino en la mesa de alguna nonna preparando la pasta; los olivos españoles desde donde sale el aceite de oliva.

Todas estas son imágenes que se vienen a mi mente cuando pienso en la Dieta Mediterránea, y es que encuentra su origen en las tradiciones y las costumbres; en los animales y la cosecha; en tomar algo de la tierra y llevarlo a la mesa. Es la identidad de muchas familias que se alimentan así desde hace muchos años.

Aquí, cocinar con ingredientes de buena calidad es lo que hace la diferencia. Cuando estuve en Italia pude darme cuenta de cuánto puede cambiar un plato si está preparado con productos cuidados y respetando su consumo según las estaciones. Y lo lindo es que su simpleza deriva de lo mismo, de la combinación inteligente que permite crear algo rico sin que sea necesario ser experto en técnicas culinarias.

En la práctica

Lo más importante en esta dieta (es decir aquello que debemos comer diariamente según la Dieta Mediterránea), son los alimentos de origen vegetal: tanto frutas y verduras como pan y otros carbohidratos (que nos entregan la energía que necesitamos constantemente) deben ser parte de nuestra rutina alimenticia, al menos una vez al día.

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Por otra parte, el aceite de oliva es la principal fuente de grasa, lo que agradezco porque soy una fanática tanto de su sabor como de su aroma. Hasta postres me ha tocado probar: brownies de chocolate con aceite de oliva y albahaca, inigualable. De hecho, si pudiera hasta freiría papas fritas en aceite de oliva (pero en realidad es un poco caro).

Subiendo por la pirámide, el consumo es más moderado cuando se trata de lácteos y alimentos de origen animal: carnes, huevos y pescados debemos incluirlos semanalmente.

En este cambio de antiguos hábitos por otros más saludables, es importante incluir en nuestra lista de compras el hecho de que el consumo de alimentos frescos le entrega a nuestro cuerpo un sinfín de beneficios, contrario a lo que pasa cuando llenamos nuestro refrigerador de comidas preparadas y comida congelada o en lata. No es fácil hacer de esto una práctica cotidiana, ya que generalmente corremos de un lado a otro y no tenemos energía para llegar a cocinar. Si logramos darnos el tiempo, serán muchos los beneficios, ya que la Dieta Mediterránea disminuye nuestros niveles de colesterol y los antioxidantes que nos aporta, presentes en gran cantidad, ayudan a evitar el envejecimiento prematuro y las enfermedades cardiovasculares.

Más allá de la comida

Lo anterior corresponde al hábito alimenticio de esta dieta, sin embargo, es mucho más que un listado de reglas nutricionales o ingredientes de ciertas localidades, combinadas de tal o cual manera: la Dieta Mediterránea es una invitación a cambiar nuestro estilo de vida por uno más saludable.

Y en este camino, el deporte, el ocio y la vida social son tan importantes como comer fruta todos los días. De otra forma, ¿cómo podemos disfrutar realmente de la vida si sólo nos preocupamos de comer bien? Todo es importante: los amigos, la familia, es decir, aprender a tomarse el tiempo necesario para dedicarnos a todo eso que nos gusta.

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