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La leche con plátano (y otras más)

Amo la leche con frutas y sólo buenos recuerdos vienen de ella. De cuando iba a “pasear al centro” a fin de mes porque a mi mamá le habían pagado recién el sueldo entonces nos invitaba a comer al Da Dino, la Fuente Alemana, o bien a un extinto boliche de calle San Antonio –creo- llamado “El cabeza de Ciervo”. El menú en esta fuente de soda era fijo: queso caliente o Barros Luco con una Leche con Plátano, lista para quedar pochita de una sola sentada.

Dueña de onces infantiles de días con sol. Con una juguera, leche, fruta, algunos hielos y sobretodo mucha azúcar la felicidad duraba más que el bigote que nos quedaba por tomarnos casi al seco esta maravilla. Cuando llegaba yo del jardín mi abuelo me preparaba huevos con longaniza y leche con plátano. ¡Qué locura, una bomba para una niña tan chica! dirán ustedes, pero les cuento que mi hígado les manda saludos y que hasta ahora vamos de lo más bien. (Espero).

El caso es que cuando no era con plátano, las frutillas de la estación eran igual de ricas. Una delicia sentir las pepitas en la boca y ver cómo se quedaba el resto al final del vaso. Y cuando sobraba leche en el jarro vaciar las cubeteras, rellenarlas, poner un palito y esperar por los mejores helados caseros de la historia.

¿Y si no había fruta? Pues la leche con unas gotas de vainilla siempre ha salvado. Recuerdo que estuve adicta a ella una temporada; me bajé sin asco una botella de 1,5 lts. de saborizante (nótese que sólo necesita 3 gotitas por vaso) hasta que no pude más, y de ahí vuelta a las frutas con leche.

Ya de grande descubrí la Octava maravilla del Mundo: Puré de lúcumas. En serio se los digo: si no han probado leche con lúcuma vayan ahora y preparen, yo les presto pañuelitos para cuando lloren de emoción porque SE PASÓ.

Con durazno, con damascos, con chirimoyas, con frambuesas o lo que quieran, la cosa es aprovechar los tiempos y hacer onces fresquitas y contundentes. Imagínense un pan con quesito y tomate maduro más uno de estos batidos… Si lo quieren más espeso pueden agregarle un yogurt del sabor ad-hoc y se van a acordar de este consejo. Y si no les tinca o les sobra, van y me lo regalan porque de todos modos me encantaría volver a hacer helados en mis cubeteras para comérmelos a pata pelá en el jardín donde juntaba chanchitos de tierra.

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