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La hora de once con panqueques

Qué cosa más rica que hacer un cerro de panqueques caseros y darse una panzada de antología para hacer una tardememorable. Los últimos serán los primeros…en rellenarse y ser robados antes de que salga “la orden completa”.

Lo mejor es echarles manjar cuando están aún calientitos entonces todo se vuelve un poco más líquido, nos chorrea la mano y cae al plato: obligados a pasarle la lengua. Torres de masas en una fuente esperan que les esparzamos lo que encontremos en el refrigerador o la despensa mientras tenga pinta de bueno para la once; desfilan entonces mermeladas de frutas, leche condensada, miel, salsa de chocolate o incluso la maravillosa Nutella cuando el manjar se nos hace poco.

Para terminar, una gran espolvoreada con azúcar flor y se arma uno de los mejores panoramas golosos que puedan encontrar. Si sobran panqueques ya sabemos: en cualquier momento vamos a estar viendo TV y en una arrancada a la cocina ¡cataplum! desaparecerán un par más. Listo, a ponerse las pilas que la receta es LO fácil y ojo: sin amargarse, porque típico que el primero siempre sale feo pero ya adquiriremos la técnica, y sólo nos quedará decidir qué les ponemos dentro antes de enrollar. Al ataque.

Ingredientes:

– 1 taza de harina
– 1 taza de leche
– 3 huevos
– 1 cucharadita de polvos de hornear
– 1 cucharadita de aceite
– 1 pizca de sal
– 1 bolsa de manjar para el relleno, (no sean mezquinos)

Preparación:

Batimos los huevos, agregamos la leche e incorporamos el harina con los polvos de hornear, con el cuidado que no debe quedar un solo grumo. Sumamos entonces la pizca de sal y la cucharadita de aceite.

En una sartén antiadherente en lo posible ponemos un par de gotas de aceite. La técnica es echar el batido (el cual debe quedar muy líquido) con un cucharón; apenas toque la sartén lo movemos en círculos para que la mezcla cubra toda la superficie y forme una capa delgada, despegamos de los lados y cuando esté firme damos vuelta; doramos por ambos lados y dejamos en un plato. Repetimos hasta que se nos acabe la masa y nos lanzamos a rellenar. La felicidad misma.

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