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El Panini

Todo sobre: Comida

Chile es un país por excelencia sanguchero. Con tal consumo de pan per cápita, no es de extrañar que se nos ocurran las combinaciones más variadas para poner adentro de un rico pan fresco, crujiente por fuera y blando por dentro, doradito al salir del horno y con ese olor que nos cautiva de inmediato.

Pero no somos los únicos. Si bien el amado sanguchito como tal nació en Inglaterra por allá por el siglo XVIII a manos de John Montagu (el famoso IV Conde de Sandwich), con el correr de los siglos esta fantástica idea se esparció por el mundo hasta llegar a Italia con sus panini.

 ¿Y qué es un panini?

Pues originalmente es un pan prensado y grillado, idealmente con queso que se funde con el calor y nos avisa que este manjar ya está listo. De ciabatta o pan de campo para los más puristas, es cosa de meterle no más lo que se le antoje porque la carretilla da para harto. Marraqueta y amasado también aguantan, si total la gracia está en los rellenos.

La receta original implica que debe tener, además del ya mencionado queso: salame, jamón y carne. Pero como sabemos, es tan flexible que la creatividad se apodera de nosotros y vamos sumándole ingredientes hasta que la prensa casi no cierre.

¿Dije prensa? Sí. Es que los paninis necesitan de una para que queden con esas maravillosas líneas más tostadas. Para los que no las conocen ya es hora de que vayan adquiriendo una porque a diferencia de las sangucheras clásicas que aguantan sólo el molde, estas bellezas están hechas para durar y meter el pan que a uno le dé la gana.

El más tradicional que se puede ver por estos lados es el capresse: tomate, queso mozzarella y albahaca, y de ahí vienen las variantes y chilenizaciones que se nos ocurran. Cómo no morir de gusto con un pan italiano o una marraqueta prensada con jamón y queso mantecoso y un té con leche de acompañamiento, o bien unos champiñones salteados en ajo con un Chanco sureño o cabra nortino.

Salame y tomates asados que concentran aún más el sabor y humedecen levemente la miga, o unas sobras de la comida gourmet que hicimos el día anterior: pollo al curry, cebolla caramelizada y las hojas de rúcula que quedaron de la ensalada. ¿Un huevito frito? Para que al mordisco del panini agarremos la yema reventada. ¿Unos camarones?¿Lomito kassler? ¿Pavo ahumado? Y podemos seguir…

Para terminar, les cuento que una forma diferente e igual de deliciosa de disfrutar un panini es ponerle mantequilla en el exterior y colocarlo en  la parrilla o en una sartén, aplastándolo con las espátula para el prensado. ¿Muy goloso?

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