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El Ostión: nada que decir

Todo sobre: Comida chilena

Quién no ha caído rendido en pleno viaje al Norte, haciendo una parada por la III o IV región y encontrarse con cualquier picada en el camino donde ofrecen empanadas de ostión. Mejor si es con ese queso mantecoso de la zona que cuando se derrite hace que chorree por la muñeca para abajo. Y morimos y queremos más.

A la parmesana en sus bellas conchas o librillo de greda, disfrutando la textura firme de la carne y versus el suave coral de sabor más fuerte o bien recogiendo el juguito que suelta la cocción con una cuchara hasta raspar el plato y el queso gratinado que se quedó pegado en los bordes.

Es tan chileno y tan rico que se lo llevan por toneladas, porque los grandes polos gastronómicos del planeta saben del tremendo producto que tenemos. Pero aún te conservamos y cultivamos, querido ostión, así que procuraremos tenerte siempre como parte importante de nuestras vacaciones con terraza y vino blanco mirando el mar.

Frescos con limón, sal, pimienta y un poco de oliva son la gloria, y qué me dicen de sacar uno y ponerlo sobre una tostada o un trozo de marraqueta fresca previamente untada en la limoneta.

¿Ha probado tirarlos a la parrilla con sal gruesa? Vayan y me cuentan, porque se va a sorprender. O salteados en un wok con unos también chilenos tallarines. Sí, de esos clásicos Nº5 pero que con aceite, ostiones y alguna verdurita lo van a dejar como el mejor partido para la hija si es que se le ocurrió invitar a cenar a sus suegros catetes. O simplemente apanados y con un mondadiente,  más una salsa ad-hoc son una maravilla que los invitados se pelean y así suma y sigue.

Por esto y por todas las recetas que vendrán,  te damos las gracias rico ostión y feliz de verte en nuestra mesa, nuestros platos, nuestras caletas o incluso de adorno de casas de playa formando mosaicos, ceniceros y chinitos en bote hechos de conchitas.

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