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Antojo XL: La empanada de Pomaire

De medio o de un kilo, con carne molida o carne picada, con ají o sin él. Lo cierto es que la Empanada XL, “La Pomairina” merece todo nuestro respeto y admiración, sobretodo en este mes de la Patria.

Pomaire es una linda localidad cerca de San Antonio que nos ofrece paseo y panorama asegurado para cualquier fin de semana soleado, sobretodo cuando queremos arrancar un rato a respirar algo de aire puro y olor a campo. Nos toma menos de una hora desde Santiago llegar a este pueblo que tiene una calle de ida y otra de vuelta en donde confluye todo el comercio, restaurantes y lo mejor: el olor a comidas típicas chilenas salidas del horno de barro.

Maravillosas empanadas hechas con el esfuerzo de los habitantes de esta bella tierra en la cual los hombres buscan y trabajan la greda, mientras muchas de sus mujeres cocinan. Varias veces se intercambian tareas, pero siempre dan vida a este manjar enjundioso, con un huevo completo adentro y partido en dos, un pino gustoso lleno de comino y ají de color y la especialidad del territorio que las hace diferenciarse del resto: la presa de pollo entera como sorpresa especial.

Pintada su masa con huevo batido y llevada a un horno de barro que casi nunca se apaga. Porque si no hay empanadas sale el amasado, la tortilla con chicharrones, los librillos de pastel de choclo o el costillar en fuente de greda.  Apenas tomen una empanada, más les vale partirla por la mitad para enfriarla más rápido o la quemadura será inminente,  es que no hay cómo aguantarse si el olor que tienen nos está matando y queremos comerla cuanto antes. En su cocción soltaron algo de juguito que se quedó en la bandeja, entonces la base de nuestra pomairina quedará con una capa más crujiente y durita gracias al contacto con la lata del horno.

Una belleza de masa sabrosa y relleno caldúo que chorrea por el brazo. Pomaire es una apuesta fija, con comida buena y abundante y tradiciones chilenas por donde se mire; paseo obligado para pasar una tarde caminando por el pueblo, comprando cacharritos, conversando con su gente y bajando la comida, no vaya a ser cosa que lo pille ahí la hora de once y se vean “obligados” a ir por su segunda empanada de kilo del día.

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