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Foto: Flickr /Andrés

¡Volver, volver, volver!

Reinsertarte en tu país, volver a empezar una rutina, sentirte más sola que cuando estabas viajando son algunas de las cosas y/o sentimientos que probablemente te tocará vivir apenas estés de vuelta en tu patria. Aún cuando afloren esos sentimientos encontrados y estés en parte contenta(o) de poder volver a ver a los tuyos, de abrazarlos y sentir el cariño de quienes quieres y te quieren, siempre está esa incertidumbre constante de volver a una realidad que probablemente poco y nada te gusta.

Apenas comencé el viaje sentí que me sacaba una gran mochila de encima, un año sabático, el sueño de mi vida, no estudiar, ni trabajar, hacer más nada como cuando era niña y tan solo tener la preocupación de saber dónde, cómo, cuándo, y a qué nuevo destino ir. Por mucho ánimo con el que vengas, es muy distinto tener en tu cabeza lo mencionado anteriormente a comenzar nuevamente a preocuparte de las cosas cotidianas de una vida de ciudad, de una vida a la que muchos llaman “normal” y donde todo se puede resumir en trabajo, estrés, tiempo escaso, consumismo, y hasta mala educación, entre otras cosas, todo con su consecuencia lógica, hay que generar dinero para seguir viviendo. Es ahí, solo en aquellos momentos en que quisiera ser millonaria y no porque le haga asco al trabajo, sino porque descubrí que hay cosas más importantes en la vida que estar frente al computador más de 10 horas diarias, que es lo que acostumbraba antes de partir.

Estar en un continuo tira y afloja es la descripción perfecta de lo que me sucedió al volver, querer y no querer, hacer y no hacer, porque claro si tan solo encontrara algo que me apasionara tanto o más como lo es viajar, sería la persona más feliz de este planeta, pero no es fácil, nada fácil.

Todo sigue igual

Aquí, devuelta en casa, la vida sigue igual, la gente piensa igual, el tiempo pasa rápidamente, los que tanto te extrañaban, aún muchos siguen ausentes después de meses de haber vuelto, porque no han tenido un minuto para respirar, peor aún, ni siquiera se han dado cuenta del tiempo que ha transcurrido desde la llegada de aquel amigo viajero. Con lo expuesto tan solo pretendo hacerles comprender que simplemente describo una realidad que para aquellos que siguen en viaje es muy posible vayan a vivir, hay que adaptarse, como también nos adaptamos en algún minuto a estar en constante movimiento, conociendo personas y lugares increíbles.

Para mis queridos amigos viajeros o para aquellos que emprenderán un largo viaje, volver a la realidad y más aún a una a la cual no quieres volver, resulta a lo menos deprimente, tanto es así que he decidido recurrir a ayuda profesional, como nunca en mi vida, esperemos que de algo sirva, ya les podré contar.

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Vamos paso a paso

Aún con lo descrito, puedo decirles que no se desanimen, no es el fin el mundo, pero hay que tomarse el tiempo necesario para comenzar a hacer su vida nuevamente, no pretendan ni cometan el error que cometí de pensar que podría volver a trabajar o estudiar apenas llegué a mi tierra, porque eso es total y absolutamente imposible, hay que ir paso a paso.

Hoy en día, aunque con sentimiento de amor y odio hacia ella, gracias al universo contamos con tecnología, y entonces hay que aprovecharla. Si tuviste un compañero de viaje con el que hiciste buenas migas y si mejor aún habla tu idioma, mantén el contacto con aquel/aquella(s) persona(s). En mi caso ha sido fundamental y agradezco su constante preocupación por su entrega y paciencia de escuchar y/o leer lo que me sucede o saber cómo me encuentro. No puedo dejar de mencionar especialmente a mi querido compañero de aventuras, mi querido amigo Jules, quien ha tenido mucha paciencia y dedicación para conmigo y a quien agradezco infinitamente.

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Porque claro, es distinto comunicarse con tus amigos cercanos, donde sin desmerecer su amistad, poco entenderán lo que te está sucediendo, porque ellos no lo han vivido ni han estado cerca de vivir algo así, y aunque te den mil ideas, ánimo o por la confianza de antaño, te reten argumentando que ya tuviste un año de vacaciones y ahora es tiempo de trabajar, es entonces cuando te darás cuenta que sin duda tus mejores oídos serán aquellos que sí han vivido lo mismo que tú, tus amigos viajeros.

A decir verdad no extraño estar moviéndome por el mundo, porque lo cierto es que estaba algo cansada y necesitaba un largo descanso, aun cuando suene irrisorio, pero un año seguido viajando, no es menor, aunque también debo decir que por segundos quisiera trasladarme en el tiempo y sentir esa mágica unificación de colores, olores, paisajes, momentos y personas adecuadas. Tener nuevamente esa apertura de compartir tu vida con extraños y sentirte identificado de una u otra manera con ellos.

El aprendizaje

Dicen que ser madre cambia la vida, lo que no dudo por un instante y de seguro no hay comparación alguna, lo cierto es que este viaje fue como haber parido unas cuantas veces, cambió mi vida, cambio la forma de ver al resto y de verme a mí misma, porque en aquellos momentos de introspección logras conocerte profundamente. No me arrepiento ni por un segundo haber tenido el coraje de cumplir un sueño y en haber gastado hasta el último peso por lograrlo.

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Lo difícil es volver a la realidad pero como es mejor ver el lado medio lleno del vaso, trabajaré para seguir descubriendo y maravillándome día a día con lo que tengo y con lo que queda por descubrir y así no tener que cargar con una mochila con la que no quiero cargar.

Un abrazo a mis entrañables y por siempre recordados amigos viajeros.

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