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Viajando Bajo el sol de Kenia

Texto y Fotografías: Jeannette Zárate. 

Hace ya varios años cuando tuve la primera posibilidad de viajar por un par de meses fuera de Chile, leí este libro y fue ahí cuando me enamoré de Kenia. Entonces pensé que en algún tiempo no tan lejano viajaría a aquella maravillosa tierra de contrastes donde la descripción de Barbara Wood resultaba de una hermosura casi sin igual.

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8 años más tarde cumplí uno de mis más grandes sueños, viajar “Bajo el sol de Kenia”.

Con 42 tribus a lo largo de su historia, de las cuales la más grande es la “Masai Mara”, nombre que aún posee uno de sus parques nacionales más famoso y grandes del mundo. País cuya capital, Nairobi, según el último censo realizado el año 2009 posee más de 3 millones de habitantes, aun cuando las malas lenguas dicen que desde entonces la ciudad ha crecido montones, mi sensación no fue precisamente de una capital con tanta densidad poblacional.

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Algunos “guías” nos indicaron que solo en Kibera; uno de los campamentos más grandes del país; existían más de 9 millones de personas, cosa que dudamos, ósea, de que es inmenso, lo es, pero tanto, imposible. Creo que el guía andaba un poco perdido.

La mayor producción nacional es el choclo, café y té y su idioma principal es el Swahili y luego el inglés, es sin duda tierra de multi colores, riquezas, aromas, mamíferos, donde existen también infinitos parques nacionales y playas de ensueño ubicadas cerca de “Mombasa”, al sur del país.

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Si a todo esto le sumamos que además, con mucha facilidad puedes cruzar hacia “Tanzania” y visitar el “Kilimanjaro”, una de las montañas más altas del mundo y definitivamente la más alta de África, con cinco mil ochocientos y tantos metros de altura, digamos que cualquiera moriría por conocer éstas tierras.

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El 31 de diciembre del 2013 de madrugada volé desde Turquía hacia Kenia. Considerando de puerta a puerta desde y hacia cada “hostel” me demoré exactamente 21 horas. La capital de este país es considerada una de las más peligrosas del mundo, por ende había decidido consultar si me podían recoger del mismo “hostel”, pero debido al valor irrisorio que cobraban, decidí simplemente llegar y ver como movilizarme.

Por alguna razón llegué de lo más relajada y con una seguridad que no había tenido jamás – de seguro que el tiempo y la experiencia hacen al experto-, y pensé: “nada me va a pasar y me iré con los locales de aquél bus”.

Intenté sacar dinero del cajero en dos oportunidades y se bloqueó la tarjeta, pero afortunadamente tenia plan B, por lo tanto hice uso de los pocos dólares que me quedaban. Me seguían cerca de 10 kenianos ofreciendo traslado, pero simplemente no les preste mayor atención y les dije de una vez: “I cant afford that, sorry“, así fue como tomé un bus con destino al “downtown“. Al cobrador humano le consulté por la dirección que traía impresa, ya que comprenderán que la estrategia acá había cambiado por completo, nada de sacar la tablet, cámara, ni nada por el estilo y desde ese minuto, dinero y pasaporte en “banano viajero” y 100% alerta que había llegado a África.

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El chofer amablemente me dejó justo donde tenía que tomar el siguiente bus, cosa que resulto muy bueno. Un tanto lejos quedaba el hostel y seguramente se justificaban los 30 dólares del taxi, pero solo terminé pagando “320 shilling”, lo que es equivalente a alrededor de 4 dólares.

Karen, lugar donde hospedaría, es un sector o barrio de Nairobi cuyo nombre se debe a la escritora danesa de Memorias de África, Karen Blixen, es un área privilegiado de la ciudad donde divisas mansiones con guardias negros y donde los europeos principalmente han construidos sus casas. Una mansión acá puede costar 150 millones de pesos, mientras que una casa con tres habitaciones puede costar tan solo 25, una ganga para los “ricos“, como suelen creer los locales que somos todos los blancos.

Durante el primer tramo en micro te das cuenta de la pobreza del país, pero en esta ocasión va acompañado de mucha suciedad, personas por todos lados cruzando en cualquier lugar, nadie respeta ninguna norma de tránsito y todo marcha ultra, pero ultra lento. Puedo destacar lo que ellos llaman los “Flying toilet” o baños voladores existentes en “Kibera” y que consiste en hacer tus necesidades en una bolsa y literalmente tirarla, así de horrible se vive en aquel campamento.

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Días mas tarde cuando ya comencé a recorrer el país, pude dar crédito de la novela aquella, los maravillosos paisajes, los enormes árboles llamados “Baobab” que pueden llegar a tener 11 metros de diámetro, así como también los típicos árboles que se ven en los safaris llamados “Acacia”.

Como algo curioso, resultó, cuando me contaron algo,  inimaginable en nuestros países; al construirse la línea ferroviaria murieron muchos trabajadores, literalmente, devorados por leones. Ahora, ve tú a saber si es verdad, pero no me parecería raro estando en África.

Sin duda que Kenia es un país de contrastes, porque si no, no hay otra forma de explicar que siendo un país con tantas necesidades, encuentres mientras viajes en un bus interrural; los que son muy antiguos; con innumerables casas con paneles solares, o mucha publicidad en la capital que dice “Think green, be blue“. Causa también gracia el que no se pueda fumar en ninguna parte, ni siquiera en las calles, y donde hay sectores demarcados con una reja -donde el humo pasa igual – que está habilitado para realizarlo.

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Que estas cosas sean de importancia cuando en otros ámbitos se está a años luz de realidades más desarrolladas, resulta bastante curioso.

Aún cuando vas descubriendo todas estas diversas realidades, buenas o malas, debo confesar que es una maravilla de país en términos de paisajes y colorido. Como quisiera poder transmitir todo lo que viví y observé, cómo quisiera que cada uno de los que me leen pudiera alguna vez viajar “bajo el sol de Kenia”.

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