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Sube, sube, sube que sube… Cappadocia, un tremendo destino

Todo sobre: LugaresViajes

Turquía sí que es un país que merece la pena recorrer, y aún cuando mi estadía no superó los 15 días, se puede decir que viví una de las experiencias más emocionantes del viaje.

Permanecí algunos días en Estambul, ciudad que supera con creces la población total de Chile, y donde comencé a presenciar por primera vez las impresionantes mezquitas y escuchar sus respectivos rezos cinco veces al día. Resultó curioso y a ratos estremecedor, tanto así que daban ganas de agarrar la almohada y taparse los oídos cada mañana por tan impresionante sonido que comenzaba ni más ni menos antes del amanecer. Afortunadamente, al cabo de unos días, esto comienza a ser parte de la rutina diaria y te acostumbras a ello.

mezquitas

Una de las tantas mezquitas de Estambul. 

 

Tras permanecer unos días en esta ciudad y de recorrer gran parte de las zonas turísticas a pie, decidí viajar a lo que resultaría una gran aventura Göreme, Cappadocia. Este pueblo ubicado a 734 kms aproximados de Estambul y a 300 de la capital, Ankara, corresponde a la zona donde en el siglo III y IV se asentaron los primeros cristianos del país, construyeron sus casas y santuarios dentro de formaciones rocosas, creando especie de cuevas. A pesar de ser milenarias, aún se mantienen en perfectas condiciones, algunas solo como lugares turísticos, otros como museos y en su gran mayoría como lugares para guardar alimentos.

Muy popular para ver la totalidad del lugar son los globos aerostáticos, y como siempre había querido subirme a uno, a pesar del precio que nada barato era para una hora de viaje, decidí experimentarlo en aquel increíble, singular e interesante lugar.

Un paseo inolvidable

certificado

Mi certificado por haber viajado en uno de los increíbles globos aerostáticos. 

Importante es destacar que para cuando llegue a Turquía era diciembre, y en esta zona del planeta comenzaban con descaro a asomarse las primeras nevadas, lo cual para aquellos que no estamos acostumbrados a tan frías temperaturas, pueden imaginar cómo las heladas penetraban por los huesos. Se venía un crudo invierno y a mí no se me ocurrió mejor idea que subirme a un globo en estas fechas… Es que simplemente la emoción me hizo pasar por alto las temperaturas, hasta que ya me encontraba por el aire.

Debo confesarles que en mi vida había sentido más frío que en este lugar: parecía ser que las ocho capas de ropa que llevaba encima no servían de nada. De todos modos, y pesar de esto, bien valió la pena. El recorrido comenzó tras una primera suspensión por mal clima, pero ya cuando partimos, la emoción de estar cumpliendo un sueño más se sentía fuertemente.

Qué ganas de ser escritora para poder describirles detalladamente lo maravilloso que resulto este lugar, simplemente me quedo corta de palabras… Quizás eso les pueda decir lo impresionante e increíble que es, más aún porque tuve la suerte de apreciarlo en una época del año donde de seguro muy pocos se atreven a ir, todo nevado y con un cielo celeste que ya quisiéramos tener en nuestra ciudad, donde los pocos globos de colores que se elevaban en esta época le daban un toque mágico. Dedique aquella hora a “observar, respirar, suspirar, emocionarme y sonreír”, ¡no podía más de felicidad!

glob

Esta fotografía no podría expresar mejor mi felicidad.

 

Los siguientes días recorrí el museo abierto de Göreme y luego caminé cerca de cinco horas por el “Red Valley”, mismo lugar que había visto desde el cielo. Otras lindas tomas fotográficas a costa de un par de caídas en la nieve que bastante resbaladiza estaba.

Visite también la ciudad subterránea “Kaymakli”, además de “Ihlara, Selime y Avanos” y luego  distintas cuevas que estaban más alejadas las que incluían el Piceon Valley, Ürgüp, Oçhisar, Zelve, la cuales visite con unos chicos italianos que gentilmente me invitaron a su recorrido.

Fue tanto lo que me encantó este lugar que a pesar de los -12 grados de algunas noches, me quedé dos días más de lo pensado, dormía vestida y con la estufa a medio metro de distancia,  ya que la cueva en la que hospedé figuraba en plena instalación un sistema de calefacción.

Ya era 24 de diciembre. Así fue como pase aquella navidad con un grupo de turistas maravillosos en un lugar sin igual.

 

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