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Su música, la mía y la nuestra: De dónde vienen las canciones que atesoramos

Todo sobre: CulturaMúsica

Uno de los atributos de la música es su carácter traspasable. Nacemos y hay música alrededor, que por lo general llega a convertirse en nuestra aproximadamente desde los 11 años de edad en adelante… pero qué pasa cuándo le echamos un vistazo, o un orejazo, a la música de nuestros padres o nuestros abuelos.

Hasta hace un par de décadas nos teníamos que contentar con la música que teníamos o la que tenían nuestros amigos, o las que pasaban por la radio o la televisión y, obvio, con los artistas que llegaban a alguno de los escenarios a los que podíamos acceder, por costo o por distancia. (Créanlo… ¡¡¡Antes no existía intenet!!!!)

Su música

Nací en 1967, uno de los mejores años que recuerde la música popular. Ese año nacieron clásicos como Light my fire, Somethin’ stupid por los Sinatra, Respect de Aretha, y bueno… Pastilla de menta, con la Orquesta Cubana de Música Moderna, Cuna de grandes de la música popular hasta el día de hoy. Sin embargo, no fue mi música. No tenía ninguna de posibilidad de corear… “commmon beibi lay mi fair“, así que tuve que escuchar la música que escuchaba mi papá, porque mi mamá era eslovaca y sus canciones no llegaban a Cuba por esa época. ¡¡¡¡¡Qué capítulo!!!!!

Mi papá hablaba inglés perfecto y paleaba sus tareas domésticas. Era el encargado de lavar los platos y limpiar la cocina cuando mi mamá cocinaba, ah y de trozar el pollo y sacarle las hojas a los choclos cantando canciones de Nino Bravo, especialmente una de unas cartas amarillas que hasta el día de hoy me siguen poniendo la carne de gallina y por supuesto todo el repertorio de los ’50 en inglés del tipo “The blossom fell” de Nat King Cole y la chistosísima Mr. Sandman de las Chordettes. Su música dejó sólo de ser suya para ser mía también y cuando llegó reconvertida en la voz de la Kidman y su amigo (Something’ stupid) había algo de complicidad genética que me hizo recibirla de inmediato.

Mi música

Y me hice grande y cumplí 11, 12, 13 y llegó a la casa la primera grabadora y el primer cassette: uno de Christopher Cross con canciones incomprensibles ( todavía no sabía inglés), así que yo me imaginaba lo que decía y obvio, en mi mente siempre hablaban de una chica como yo que no quería andar con el chico que la perseguía. Fue la primera música que consideré totalmente mía, como las primeras que escuché de Barry Manilow y de Mocedades y José Luis Rodriguez. En realidad trataba de entender, pero no lo conseguí hasta que me enamoré perdidamente a los 16 años y finalmente le encontré sentido a las canciones de amor. Ahí llegaron por montones las canciones de Chico Buarque (ohhh… Tatuagem fue mi himno) y las canciones lindas de Silvio como “El sol no da de beber”.

Nuestra música

Cada relación amorosa te regala canciones para bien o para mal. Tuve la suerte que el último set todavía persiste y son mis himnos de esperanza, Drexler, The Ronettes, Pink Martini, Bebo y Cachao, Benny Moré acompañan mis fines de semana y siempre se agradece estar en un espacio privilegiado donde cabe la música que heredé de mi padre, la que hice mía y la que le robé a mi novio. Haz el ejercicio y trata de ver de dónde ha llegado la música que atesoras y si tienes hijos o sobrinos, ¡Traspásala para que no se pierda!

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