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Recorriendo Delhi, observando Varanasi

Después de recorrer la provincia de Rajasthan, llegue a Delhi donde permanecí 3 días antes de emprender camino al penúltimo tramo en India, Varanasi.

Recorrí la capital quedando gratamente sorprendida, me pareció una ciudad bien avanzada, con un metro de última generación, limpio y congestionado como en cualquier lugar del mundo, pero que extrañamente al ingresar debes pasar carteras y/o bolsos por unas mangas, como si fuera un aeropuerto. Quise tomar una fotografía, sin embargo los tremendos letreros que decían “NO PHOTO” acompañados de la veintena de policías por estación me lo impidieron. No pude dejar el registro y no iba a correr el riesgo en un país donde con suerte nos entendemos con señas.

Nueva Delhi

En Nueva Delhi la locura existe igual, pero sin duda que a mis ojos es más “limpia” y “ordenada” que Bombay. Aproveché los días para ir al “Old Delhi”, al “Red Fort”, a una mezquita, al “Indian Gate”, al “Loto Temple” y finalmente al templo “Swaminarayan Akshardham“, este último una maravilla arquitectónica. Aunque siendo una obra moderna, inaugurada recién el 2005, es para quedar boca abierta con el nivel de detalle que tiene, una vez más los sofisticados sistemas de seguridad no permitirían hacer tomas fotográficas, por ende tuve que retener esa belleza en mi cabeza.

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Red Fort, Nueva Delhi

 

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Calles de Nueva Delhi


No hay viaje sin anécdotas

Después de un anecdótico tramo hacia la estación de trenes, donde en resumen se enojó el conductor del “rickshaw”, me dejo en una estación de metros en vez de la de trenes, y cuando quise tomar este, estábamos en hora “peak” en Delhi, ¡India! Ya se podrán imaginar lo que fue eso. Corrí con 14 kilos a cuestas hasta encontrar un espacio, me empujaron, aplastaron, pisaron, mientras trataba por todos lados de afirmar la mochila, donde nadie me entendía, entre que me torcían el brazo, la espalda, al final un señor se apiadó y me dio el asiento, a pesar de mi negación, ya que debía bajar en la siguiente estación. Quedé tiritando y transpirando entera, es que el aplastamiento fue mortal, salí airosa de aquel embrollo gracias a que todo el mundo bajaba en esa estación, me salvé y llegué justo a tiempo para subir al tren y partir a Varanasi.

Cerca de 15 horas tocaba esta vez, me sentía totalmente cómoda viajando en “sleeper” que es uno de los más económicos y en el que ya me había acostumbrado a viajar. Sin problema alguno más que las típicas horas de atraso hicieron del tramo hacia Varanasi lo más normal. Una vez instalada en el “hostel Stops” recién inaugurado y que resultó ser un excelente hospedaje, mi alegría de estar en un lugar como en casa hicieron que mi estadía fuese de 4 días en vez de 2 como estaba planificado originalmente.

Locura máxima en Varanasi

Varanasi es considerada una de las ciudades habitables más antigua del mundo y una de las 7 sagradas aún existentes del hinduismo. ¿Cómo poder describírselas? Más de alguno sabrá de lo que hablo, las imágenes de los programas culturales en televisión llaman la atención, pero puede existir cierta incredulidad de lo que se ve, pero estar ahí, ver y vivenciar lo que sucede a diario en el rio Ganga y en la ciudad misma, es por decirlo de alguna forma, surrealista, porque no se me ocurre mejor palabra para describir este lugar, es que resulta tan, tan increíble ver los ghats  — los que se definen como escaleras que se encuentran a orillas del rio y donde se realizan prácticas de yoga, ceremonias, reuniones, cremaciones, juegos de cricket, baños de humanos y animales, lavado de ropa, entre otras cosas— con toda esta gente bañándose en lo que ellos llaman “Holy water” o aguas sagradas y en lo que yo llamo “aguas contaminadas por 1000”.

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Entre que limpian los pecados o purifican a los muertos antes de cremarlos, luego tiran las cenizas, que son alrededor de 80 personas por día; sin contabilizar que los huesos de las caderas de las mujeres y el pecho en los hombres, no logran quemarlos durante las tres horas del proceso de cremación, por lo que los tiran directamente, así también los cuerpos de niños, mujeres embarazadas y leprosos, que por ningún motivo pasan por este proceso—  además de los innumerables animales muertos, basura y flores podridas, ¿y la gente se BAÑA para purificarse y limpiar sus pecados?  Claramente son inmunes a tanta mugre y eso que no les he contado que algunos se lavan los dientes y toman agua, ¡fuerte, es lo menos que puedo decir!

Visité caminando y de madrugada en bote; cuando más actividad se divisa; los considerados 80 ghats más importantes. Asistí a la ceremonia o puja masiva que se realiza a diario a las 19.00 en el “Dashashwamedh Ghat” y dedique muchas horas a observar, observar y requete observar a la gente tratando de comprender la vida que aquí se lleva, entre la espiritualidad, ritos y locura máxima de las calles.

Observe también a los “Sadhus”, hindúes que renuncian a todo bien material y llevan una vida de austeridad y penitencia para obtener la iluminación los que muchas veces viven a orillas del río, se visten de naranjo y llevan las caras pintadas y a quienes todos quisiéramos tener la gran fotografía, pero a veces el pudor es mayor.

Un trago amargo

Ya saliendo de Varanasi, con otras 16 horas de camino en tren que me esperan y debido a que aún es de día, se puede apreciar una vez más la inmensa pobreza de este país, es que resulta sobrecogedor ver como personas duermen a orillas del tren, otras en campamentos con casas, o algo que se asemeja a una, que están a punto de caer, otras con 4 palos paradas con techos de nylon. Todo esto acompañado de un sol que con su contorno marcando un círculo perfecto y que ya se iba a dormir en ese lado de la tierra, alumbraba aquellos hermosos paisajes verdes; que contradictorio resultó apreciar la belleza de la naturaleza versus aquellos paisajes con tanta pobreza y desolación. Se me partía el alma, no pudiendo dejar de derramar lágrimas.

 

Fotografías: Jeannette Zarate

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