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Rajasthan sobre 2 ruedas

Llevaba un mes en el sur de India cuando tome la decisión de partir al norte a Nueva Delhi y comenzar a vivir una nueva etapa de la aventura, esta vez de manera solitaria. Bueno, eso es lo que uno siempre cree cuando viaja sola.

Días previos revise Facebook y me doy cuenta que uno de los chicos a quien había conocido unos meses antes en Croacia estaba a punto de  llegar a Delhi también, le escribí y una vez que estuve ahí, nos reunimos. A diferencia mía, Julio, viajaba en moto desde España hasta Nepal por 6 meses. Conversamos muchas horas y compartimos una cena cuando me comenta que andaba buscando con quien viajar por un tramo de manera de abaratar costos. Al día siguiente fue que me invito a viajar con él por la provincia de Rajasthan, lugar al que ambos nos dirigíamos.

Muy poco me hice de rogar y debido a tamaña hazaña a la que me invitaba, de una vez dije que sí–cual chica con vestido de novia en la cartera–es que simplemente viajar sobre dos ruedas en India sonaba a lo más exótico que te puedes imaginar, más aun con él, un español que cuyas travesías se caracterizaban por hacerlo de una manera extremadamente económica, lo que muchas veces significaba golpear puertas para colocar su carpa en el patio de alguien u hospedarse en el lugar más económico que encontraba (imagínense en India) además de comer comida de calle. Digamos que su mayor gasto era en gasolina que para una scooter 125 era lo de menos.

Por otro lado “viajando a lo Jules” significaba acostumbrarme a no planificar, no hacer uso de GPS y además no reservar con antelación absolutamente nada, o sea totalmente desconocido para mí, ya que mi viaje se caracterizaba por tener al menos las cosas básicas controladas, llegar de madrugada a un lugar y no tener el hospedaje arreglado, simplemente me mata!

primera-picada

Antes de partir compramos un casco y comenzamos nuestro recorrido primeramente hacia Agra, ciudad que pertenece a otra provincia y donde se encuentra el Taj Majal. Saliendo de Delhi nos encontramos con una ciudad que está creciendo por montón, muchos condominios y edificios en construcción, para que decir lo maravilloso de la carretera con 4 pistas por lado. Increíble de imaginar los avances de ahí después de haber visto otras carreteras en muy mal estado y con tanta suciedad.

Durante el trayecto pasamos a lo que sería mi primera comida de calle o un restaurant tipo picada, pero que no tenía el mejor de los aspectos, hasta unas ratas vi cerca de la basura, estábamos en India, lo único que rogaba era no enfermarme, sino, buscar un baño en plena carretera sería bastante complicado, había que acostumbrarse a esta nueva forma de viajar, que también tiene su encanto.

Nuestro primer hospedaje lo encontramos tras revisar un par de lugares, eso sí,  a mi cara de asco del primero que visitamos, decidimos quedarnos en el segundo. Fuimos a caminar un poco y buscar algo de comer. Julio se reía cada vez que comprábamos comida en la calle, de seguro mi cara lo decía todo, según yo era cara dudativa, tenía terror de enfermarme después se escuchar experiencias tan malas de otras personas.

Llegamos un día jueves y nuestra intención era quedarnos dos noches, sin embargo, el Taj Majal está cerrado el viernes, así es que tuvimos que quedarnos un día más, visitamos el Agra fort y nos introdujimos en la ciudad haciendo tomas fotográficas en un mercado de locura, bella experiencia fuera de todo típico lugar turístico y en el meollo de los locales, que es en realidad lo que me gusta, pero no siempre se puede estando sola.taj-majal

 

El sábado temprano partimos a ver el Taj Majal, 750 rupias, versus 10 que pagan los locales, una estafa al turista como siempre. Lo único que puedo decir al respecto es: que hombre más enamorado de su mujer fue aquel emperador, que maravilla de obra en todo su esplendor, valió la pena su visita ¡Hermosa! En el camino, hasta fuimos a ver una película en Indhi llamada “Highway”, claro que no era la típica película de Bollywood las que se caracterizan por sus musicales, lo gracioso fue no entender nada y entenderlo todo a la vez.

Tras unos días llegamos a Pushkary luego partiríamos a Udaipur, el trasero ya no quería mas guerra porque el camino no fue fácil, entre que nos pasó a llevar una moto, luego un auto, casi nos sacan de la pista y encima pinchamos un neumático, francamente ya no dábamos mas. Visitamos el City Palace, Ahar Cenotaphas y el Monsoon Palace, y  recorrimos un poco el pueblo, para luego partir a Mt Abu muy temprano por la mañana. En este tramo sin duda que el camino fue lo que más valió la pena, porque pucha los paisajes lindos.

turbantes

Al día siguiente partimos a Ranakpur donde también permanecimos un día visitando algunos templos y entre medio pasamos a un hermoso fuerte llamado Kumbhalghar. No recuerdo con certeza si fue aquí o en otro lugar,  para el caso da lo mismo, donde divisamos la construcción de una casa, mujeres con sus saris y hombres con sus dhoti, todos en línea y en una escalera, pasándose de uno en uno y subiendo material al segundo piso. Lamentablemente no alcanzamos a tomar una foto, pero imagínense colores tierras de fondo y una veintena de personas una al lado de otra subiendo material y todo con coloridas vestimentas, es así como siempre ves a las mujeres trabajando con sus saris puestos, aunque estén con una pala, cargando agua, trabajando en el campo o comprando mercadería. Para mí una vestimenta que utilizaría para una ocasión especial, para ellas su vestimenta diaria.

Luego hacia Jodhpur, cuyo camino estaba colmado de producción de mármol, conocida como la ciudad azul la que se divisa sin igual desde el fuerte, cada hogar con una terraza que ya quisiéramos, aparentemente son muy importante, ya que los patios no existen. Pasamos aquí la famosa fiesta “Holi” que se realiza entre los hinduistas durante la mañana del 17 de marzo en el norte de India y que se conoce como la fiesta de la primavera y de colores. Consiste en tirarse polvos de colores mezclados con agua, una maravilla hasta que tienes que ducharte al menos 3 horas para intentar quedar limpio, porque costó un mundo sacarse los colores, para que decir las prendas que quedaron listas para el tacho de la basura.


Llegamos finalmente a lo que sería nuestro penúltimo destino juntos, Jaisalmer o también conocido como “The Golden City of India”, ubicada a más de 750 km de Delhi poblado en medio del “Thar Desert” , cuyas casas con estilo arquitectónico llamado “Havelis” destacan por sus hermosos detalles tallados a mano. Resultó bellísimo el contraste de este “desierto colorido”, porque entre los turbantes fucsias, amarillos, verdes, naranjos de los hombres y los saris multicolores de las mujeres- los que vimos en nuestro completo recorrido, pero que en esta zona árida destacan mil veces más- resultó un juego de colores que ya pueden imaginar cómo disfrutaba.

Luego de hacer un “stop overnight”en Bikaner, continuamos a Delhi. Merece mencionar que todo este trayecto resultó maravilloso, pasamos de zonas desérticas a otras llenas de verde, montañas de colores hermosos. Llegamos  a Delhi cuando se disponía a llover y el lugar más económico figuraba repleto, para que contarles lo que nos costó encontrar un lugar para hospedar. Nuestros días juntos habían llegado a su fin, y solo me quedaba agradecer a Jules por esa hermosa aventura y esos inimaginables chascarros y aprendizajes que me quedaran grabados para una vida entera.

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