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Lana del Rey: Influencia Ultraviolenta

La ídola pop más depre de la música por estos días es Lana del Rey.

Hija de magnate hotelero, regia y triste como nadie, lanzó a mediados de mes su nuevo disco, Ultraviolence, donde sigue alimentando la fábula de la jovencita bella y millonaria que, de no ser por la música, se habría caído feo a los excesos y a la soledad.

Pero a diferencia de su primer disco Born To Die, las oscuras y suavizadas ideas de miseria y destrucción de sus canciones se consolidan en una suerte de sonido propio a pesar del murallón de influencias que la conforman.

Es muy probable que haya sido gracias a la dupla que conformó con el también súper oldie-vintage-influenciadísimo Dan Auerbach, la otra mitad de los Black Keys.

El músico produjo la mayoría del disco y hasta se despachó un par de guitarras como sabiendo que gran parte de los sonidos que comparten con Del Rey vienen de la misma matriz: el blues y el pop más reposado y reflexivo de los 50 y 60.

Se nota Nancy Sinatra y Morrissey al escuchar este disco, pero con una sofisticación y desesperación que no pueden darse en otra época que no sea esta. Las inquietudes de Lana del Rey en las letras de este álbum surgen como confesiones de un diario de vida que asustaría a cualquier papá adolescente.

De hecho, hace un par de semanas para un diario inglés, la artista confesaba que lo único que quería era morirse. Después lo desmintió y hasta intercambió mensajes sobre el tema con Frances Bean Cobain, la hija de otro célebre músico no muy alegre: Kurt Cobain de Nirvana.

Yo le creí más a esa entrevista, sobre todo después de un par de escuchas a los 11 tracks de Ultraviolence. Acá no hay rayos de luz como en su disco anterior (“Videogames” es un temazo y no es precisamente lo más triste que hay) y la cadencia puede confundirte al diferenciar entre track y track llevándote al relajo, o derechamente al sueño. Es un disco que captura tu atención y confunde lo que sientes tu y lo que Lana del Rey te quiere decir.

Ojo con West Coast, su primer single, y con el cuidado trabajo con el que está luciendo la videografía de este disco (ese video y el de Shades Of Cool están bellísimos) y a esperar que venga nuevamente tras la visita que hizo a nuestro país en 2013, donde demostró ser más que una cara bonita y bajoneada. De hecho, si no la googleas o derechamente la ves en vivo, ni te imaginas cuánto sonríe, coquetea y sorprende con su voz en el escenario.

De seguro estará en las listas de discos de este año y seguirá reclutando almas brumosas y fanáticas. Ultraviolence, e incluso la propia Lana del Rey, no existen sin el pasado más glorioso y encarnizado del pop, y esa es la razón que los hace tan adictivos y recomendable para este frío invierno.

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