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La vida en la trilogía más romántica de la historia

En el año 1995 vimos “Antes del amanecer”, la primera película de la trilogía del director estadounidense Richard Linklater. Es la primera de tres historias unidas por el diálogo, la cual narra el encuentro de dos desconocidos que en la simpleza de la conversación logran establecer una conexión que los mantiene unidos durante más de 18 años.

18 años de historia

Julie Delpy es Céline, una joven francesa de espíritu activista, llena de pasiones, opiniones y afectos. Ethan Hawke, Jesse en la película, interpreta a un joven que viaja hacia España. Se conocen en un tren y deciden bajarse juntos en Viena (ese tipo de cosas que sólo pasan cuando se viaja por el mundo).

La primera de las tres películas es la más estricta en cuanto a la continuidad del diálogo. Son muy pocas las veces que cambia la cámara, acompañando durante toda la película el intenso encuentro de estos dos, todavía, desconocidos.

Lo que más me cautivó cuando la vi fue la sencillez y a su vez la intensidad de esta relación que paulatinamente va creándose entre ambos personajes. Dedican todo su tiempo a conversar y así, de manera discreta pero potente, logran conectarse de tal manera que prometen volver a encontrarse en Viena seis meses después.

En “Antes del atardecer” el personaje de Hawke se ve adulto, resuelto. Está en París presentando su libro y Céline lo busca. Una vez más se involucran en una larga conversación, explicando por qué el encuentro fijado no se dio y cómo a partir de eso es que cada uno tomó un camino en la vida.

Han pasado nueve años y ambos han cambiado. Parecen tener en común estar desilusionados de la vida, al parecer esperaban demasiado de sus sueños. Es un poco decepcionante ver que ya no viven con la pasión que vimos cuando se conocieron. Pero su relación no ha cambiado; la tensión se siente y están a un centímetro de tocarse, de volver a encontrarse. La película termina inconclusa y no queda claro si él toma su avión a Estados Unidos o si se queda en París.

Tercera película y final: “Antes del anochecer”. El tiempo transcurre a tiempo real, lo que nos hace sentir como si los personajes vivieran y las películas fueran cápsulas de sus vidas a las que podemos acceder. Nueve años después están casados y tienen a las mellizas.

Jesse renunció a su vida por Céline, pero están muy lejos de los jóvenes que vimos en la primera parte. Ella está enojada y él sigue profundamente enamorado. Están de vacaciones, pero en crisis. No les cuento el final, pero lo que partió como un encuentro fantástico en Viena evoluciona hasta encontrarse, 18 años después, con la dureza de la realidad.

Los caminos de la vida

Si bien la película tiene giros necesarios para darle trama a la historia, la forma en que se desenvuelve la película es cercana y poco ambiciosa. Vemos cómo los sueños, los anhelos, van volviéndose confusos. Un encuentro que mágicamente comenzó caminando por Viena y tomando vino en el parque, también tiene el peligro de morir.

Vivir en fantasía se nos hace fácil y es lo que hacemos cuando llega la vida lo que de verdad importa. Porque la vida tiene mucho de poesía, pero también tiene demasiado de realidad.

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