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Manuelita y Simon

Grandes mujeres: Manuelita Sáenz

Todo sobre: CulturaMujeres

Manuelita, la llamada Libertadora del Libertador, es una de las mujeres más importantes de la historia latinoamericana.

Dueña de una vida fascinante, arriesgada y vital para la liberación de los pueblos sudamericanos, comandados por Simón Bolívar, Manuela nació en Quito, Ecuador, allá por 1797. Al morir su madre, cuando ella tenía seis años, creció junto a sus hermanos con quienes compartió los ideales revolucionarios y justicieros para el pueblo.

Revolución amorosa

Consecuente con su manera de vivir, Manuela huyó con su primer amor del convento en el que estaba. Luego de unos años, se casó con un inglés mucho mayor que ella, pero millonario, con quien se instaló a vivir en Lima, donde participó de la Independencia de Perú. Fue tal su entrega en este proceso revolucionario que recibió el reconocimiento de Caballero de la Orden del Sol.

Tras separarse de su marido, James Thorne, Manuela vuelve a Quito, donde conoce a Simón Bolívar, quien se encontraba en misión emancipadora, a la cual la joven Sáenz se le une, generando un estrecho vínculo entre ambos.

En 1827, cuando ocurre la resistencia a las ideas del Libertador, Manuela es apresada y desterrada de Lima, por cuanto debe establecerse en Bogotá, Colombia, en 1828. Una vez que el revolucionario venezolano se entera de esta situación, la convoca para que residan juntos en lo que hoy se conoce como Quinta de Bolívar.

Ese mismo año, Bolívar sufre un intento de asesinato, ocasión en que es salvado por Manuela, quien lo ayuda a huir del Palacio de Gobierno, salvando su vida y siendo desde ese entones nombrada como Libertadora del Libertador.

Sus últimos días

Luego de la muerte de Simón Bolívar, Manuela debe radicarse en Jamaica y en Paita, al norte de Perú, donde recibió las visitas de Herman Melville (autor de Moby Dick), Simón Rodríguez y Giuseppe Garibaldi, entre otros.

En 1856, Manuela se enfermó de difteria, falleciendo ese mismo año y su cuerpo tuvo que ser incinerado. Hace unos cuantos años se encontraron sus restos, los cuales fueron reconocidos por la réplica de la cruz que llevaba siempre consigo, la cruz que le había regalado el Libertador de América.

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