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Foto: nonamepress.com

¡Corre corre que te pillo y no te alcanzo!

Textos y fotografías por Jeannette Zarate.

Cuando estoy a punto de tomar un bus camino a la quinta región desde Santiago y en el cual debo “apurar el tranco” porque está a minutos de partir, se me viene a la memoria los infinitos terminales, aeropuertos, puertos a los que acudí en aquel maravilloso e inolvidable viaje.

Recuerdo las innumerables anécdotas personales y de otros amigos viajeros buscando estos “terminals”, las veces que debí correr por tomar un tren o bus, buscando el terminal por todos lados y a su vez la puerta de embarque, porque claro, perder uno de estos transportes es igual a pagar de nuevo y recuerden que el dinero con que se viaja si bien alcanza, no digamos que es excesivo y pagar 2 veces aunque sea en India, es dinero que no estamos dispuestos a botar, y mucho menos quisiéramos equivocarnos y aparecer en un destino completamente diferente.

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Creo que NO hay un solo viajero que no ha tenido que correr más de alguna vez por alcanzar un bus, tren, ferri o avión y es aquí donde cada minuto vale oro, corres, gritas, te enojas, pides permiso, empujas, entre otras miles de barbaridades y todo por alcanzar muchas veces lo inalcanzable, porque el tiempo se hace corto, los minutos vuelan, el tiempo se acaba, ¡hay que encontrar la puerta de embarque!, ¡corre, corre que a nadie le importa más que a ti encontrar el lugar correcto!, y muchas veces ¡puaj!, perdiste como en la guerra, ahora a buscar una solución.

Perder todo en un país extraño

En esta oportunidad quisiera contar la anécdota de una encantadora chica de Malasia, la cual conocimos en India. Nos contó a un grupo de viajeros la terrible experiencia que tuvo al perder el tren en el que ya venía a bordo, lo trágico del asunto en este caso no fue perder solo el tren sino que también, equipaje, dinero, pasaporte, en otras palabras, todo y peor aún sin ninguna posibilidad de comunicarte de manera fluida con algún local, porque anda a encontrar en un terminal de India alguien que hable inglés, digamos que es casi imposible.

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En una de esas paradas locas que hacen los trenes; ella con ganas de tomar un helado y estando a bordo de este; a lo lejos divisa un heladero, entonces decide sin saber cuánto tiempo se detendrán, bajarse y comprar uno. Baja tranquilamente, compra su helado y con la felicidad máxima de estar degustando lo que se propuso, se da vuelta y el tren ya había partido, se desesperó, corrió, tiro el helado, gritaba como loca y bueno, el tren se fue, con su equipaje, dinero y pasaporte a cuestas.

Como les explico que este es el máximo ejemplo del “despistado” que puedas encontrar, es que simplemente nadie puede dejar en un tren de India su pasaporte y billetera mientras te bajas a comprar un helado, el equipaje, lo entiendo, pero el resto de las cosas, un desacierto total.

Por supuesto que resultó muy divertido cuando lo contó, pero me imagino el estado de angustia en el que se debe haber encontrado, nos decía que de tanto llorar, se apiadaron de ella y la pusieron en el próximo tren al día siguiente y sin tener la necesidad de pagar porque no tenía peso alguno. Así llegó a destino donde afortunadamente pudo recuperar sus pertenencias gracias a unos chicos que había conocido en el tren y la esperaron hasta el día siguiente. Ósea, ¡eso sí que es suerte y vaya experiencia!

La suerte del viajero

Por mi parte puedo contar aquella vez que con mi hermana nos encontrábamos en Bangkok, Tailandia y debíamos tomar un avión hacia Pucket a las 17.00 horas. Por alguna razón me traspapele y decidí con ella pasar a un “cyber café” antes de partir, cuando ya eran las 15.30, ella me dice, creo que debemos irnos, y yo: sí, tranquila si vamos bien. Ni siquiera tuve conciencia de que estábamos increíblemente atrasadas, considerando que solo el aeropuerto estaba al menos a 45 minutos del centro de la ciudad.

Cuando logramos tomar un taxi ya eran cerca de las 16.00 y el taxista entre que no hablaba inglés y no nos quería llevar por 350 baht que es el valor que debía cobrarnos, se metió a un par de cuadras de donde lo tomamos, a una protesta, el de las “camisas rojas”, muy conocido en la época. Los tacos se hacían sentir y avanzamos en media hora cerca de 2 cuadras. De pronto el conductor se enoja con nosotras porque estábamos tratando de hacerle entender que íbamos atrasadas, por lo que no encontró nada mejor que bajarse en medio de la protesta, y tirar nuestras mochilas a la calle. Nosotras impávidas ante tal situación, no sabíamos hacia dónde dirigirnos, es ahí donde desde mis entrañas salió un grito aterrador que dejé a los militares a los que me dirigía casi sordos.

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Yo: Does anybody speak english?
Militar: Yes. I do miss, me dice uno.
Yo: Can you please help us?, we need a taxi to the aiport, we are super late!

Pasaban miles de taxis apurados y nadie paraba hasta que finalmente el militar cual “kamikaze” se cruzó en plena calle para detener uno, nos llevo con instrucciones de que íbamos atrasadas y que por favor se apurara lo más posible.

No les explico el Schumacher que nos tocó, se fue a una velocidad impresionante y en hora “peak” esquivando cuanto vehículo se cruzaba, llegamos al aeropuerto a las 16.55 en punto cuando le digo a mi hermana, ¡corre, mientras pago el taxi!, todo esto con la esperanza de que quizás el vuelo se había atrasado. Pues, ¡Ley de Murphy! se hizo presente y por supuesto el vuelo salió a la hora. Pero afortunadas las viajeras nos pusieron en el siguiente vuelo, tres horas más tarde, sin pagar multa y pudimos así almorzar tranquilas.

Para que vean que a pesar de todo, los viajeros tenemos mucha suerte y siempre obtenemos algún beneficio después de tanto estrés.

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