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3 razones para querer a Maitencillo

Todo sobre: Aire libreDatosViajes

Cuando era chica, mis abuelos tenían una casa en Santo Domingo a la que partíamos todos los veranos. Pasé muy buenos momentos, pero el mal clima hizo de este balneario un lugar al que cada vez tuve menos ganas de volver. Entonces apareció Maitencillo… y como todos los grandes amores, nunca más nos separamos. Voy siempre que puedo y bajando la cuesta desde la carretera abro la ventana para ver el mar y sentir el aire fresco, olvidándome de la ciudad.

Durante los veranos y los 18 de septiembre este balneario se vuelve difícil de querer, porque no está preparado para recibir a tanta gente. El taco es eterno y no hay donde estacionarse para ir a la playa, pero a mí no me importa, a mí me sigue gustando igual. Acá van tres razones por qué:

  • La costanera: conocí Maitencillo hace 10 años y me encanté con el primer recuerdo que tengo caminando por su costanera larga y tosca, mirando el mar. Si nos gusta caminar podemos recorrer las diferentes playas que hay, la caleta, las ferias artesanales y los cafés, entre muchas otras cosas. Para quienes nos gusta correr es perfecta porque además de su extensión, tiene algo de pendiente, es entretenido recorrerla y está frente al mar. Con los años, las mañanas se han llenado de runners y ciclistas que usan este borde costero para disfrutar de las primeras horas del día cerca de la playa.
  • La playa: es verdad, nuestro mar no es precisamente tibio y tranquilo, por eso no soy muy buena para meterme al mar. Pero los días en que el mar no congela sino que sólo está muy frío, vale la pena disfrutar del agua y después, un buen rato al sol. El clima de Maitencillo permite que durante el verano casi todos los días estén despejados, además la playa no tiene viento y las olas no son peligrosas como en otros balnearios.

El Abanico es la playa taquilla de Maitencillo donde se junta la gente joven y las familias, un poco apretadas, porque se llena. En las casetas se escucha música y muchos se pasean en trajes de surf, disfrutando del día o enseñándoles a los niños a surfear. También están las empanadas y el carrito de churros, y cruzando la calle se han ido abriendo restaurantes, sushis, tiendas, heladerías y bares, donde se puede almorzar o tomar una cerveza al atardecer después de un día de playa.

  • Los desayunos: mi comida favorita del día. En Maitencillo, el Café Ayén es el lugar del desayuno, para mí no hay otro mejor. Sus terrazas están frente a la playa y si creen que hay algo mejor que tomar desayuno mirando el mar, yo creo que están equivocados. Si es invierno, el chocolate caliente con un kuchen de manzana no fallan. O la paila de huevo con tostadas. O las tortas. Para el verano, el bar de jugos está a tres jugueras y pura fruta natural, y el barman saca rápidamente los jugos de arándano, frambuesa, naranja y el de sandía, mi favorito.

Podría seguir nombrando otras cosas entretenidas que pasan en Maitencillo, como los parapentes, las ferias artesanales, la vista de los acantilados, su cercanía con otros lugares como Papudo y La Ligua, entre otras cosas. Vale la pena, así que a los que no lo conocen les dejo como tarea visitarlo este verano.

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