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La importancia del traje femenino

Todo sobre: LookModa

Quienes crecimos mirando revistas de moda y aun coleccionamos números de décadas pasadas, siempre nos topamos con un look reinventado cada temporada: el traje sastre femenino. De falda corta, más larga o ajustada, pantalón ancho o con pinzas, el traje femenino no solo se mantiene como un clásico favorito para quienes deben ejercer sus labores de forma impecable, sino también como símbolo de una revolución que creció a partir de los ’80 a través del famoso power suit.

La exageración de los años ’80 en la estética se mantuvo a través de varias claves: los colores eran chillones y eléctricos, el volumen de las prendas se extendió y las hombreras aparecieron como parte fundamental de un look. El power suit tomó el elemento de las hombreras incorporándolo a un vestir que reveló colores sobrios y elegantes, pero confeccionados para transformar la imagen femenina, hacerla más seria y adecuada para algún puesto de trabajo. A partir de los ’80, las mujeres fueron poco a poco aceptadas como jefas de cualquier oficina, algo impensado en los ’50 e incluso en los ’60. Si tomamos como ejemplo la película “Secretaria Ejecutiva” (1988), el personaje de Melanie Griffith ansiaba ascender en su empresa, y lo primero que hace para convertir su carrera es transformar su look y empezar a vestirse con trajes de hombreras muy marcadas.

Giorgio Armani, Calvin Klein, Thierry Mugler y sobre todo Donna Karan fueron los diseñadores que prestaron sus servicios a la reinvención del power suit. Inspirados por una mujer fuerte estilo Marlene Dietrich, el traje femenino se consolidó así durante los ’80, extendiendo su reinado hasta el día de hoy. Pero el estilo actual ya ha variado de distintas maneras: los colores parecen fluctuar desde el más sobrio blanco hasta el fucsia más furioso, y los pantalones se han ajustado o mantienen detalles más divertidos y relajados. Es cierto que la preferencia a la hora de ir a la oficina ya no se desvive por el lado de la formalidad pulcra de los ’80, pero los trajes se mantienen como símbolo de toda una generación y una auténtica transformación laboral que va de la mano con la estética femenina.

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